La descolonización al pensamiento crítico por: Frantz Fanon
La descolonización al
pensamiento crítico por: Frantz Fanon
Frantz Fanon fue un
revolucionario, psiquiatra, filósofo y escritor caribeño de origen martiniqués
cuya obra fue de gran influencia en los movimientos y pensadores
revolucionarios de los años 1960 y 1970.
Fanon fue un ser
extraordinario. Vivió su breve vida entre cuatro países: en su Martinica natal,
en Francia y en Argelia-Túnez, donde se comprometió con la lucha por la
independencia al integrarse como militante al Frente de Liberación Nacional
(FLN). La coherencia entre su vida y su obra es un faro que nos debe guiar en
estos momentos de incertidumbre, cuando afloran riesgos notables que ponen en
peligro la existencia misma de la humanidad. Intervino en una de las guerras más
crueles de la historia moderna. El FLN estimó que fueron asesinados un millón
500 mil de argelinos entre el comienzo de la guerra en 1954 y la proclamación
de la independencia en 1962, lo que representa el quince por ciento de una
población que no llegaba a los 10 millones. Historiadores franceses reducen esa
cifra a un tercio, lo que sigue siendo un porcentaje asombroso. Una cantidad
similar de argelinos fueron torturados.
La interiorización de
la opresión
La generación
militante de las décadas de 1960 y 1970 conocimos a Fanon a través de Los
condenados de la tierra, su obra póstuma publicada en 1961. Es el
libro/manifiesto de un combatiente que afirma la necesidad de la violencia para
enfrentar y superar la colonización, porque sabe que “el colonialismo no cede
sino con el cuchillo al cuello”. Los condenados… es un texto luminoso, plagado
de ideas que marchan a contrapelo del sentido común revolucionario de la época,
como su defensa del campesinado y del lumpen-proletariado como sujetos
políticos, ya que observa que en las colonias los proletarios son el sector más
“mimado por el régimen colonial”. Critica también la cultura política de las
izquierdas, que se dedican a captar a las personas más “avanzadas” –“las élites
más conscientes del proletariado de las ciudades”, constata Fanon- sin
comprender que en el mundo del colonizado el lugar central, y liberador, lo
juegan la comunidad y la familia, no el partido o el sindicato.
Su apasionada defensa
de la violencia del oprimido debe ser tamizada. Siempre es necesario recordar,
como enfatiza Immanuel Wallerstein, que “sin violencia no podemos lograr nada”.
No es un tema menor, porque el grueso de los partidos y movimientos
antisistémicos parecen haberlo olvidado en su apuesta por incrustarse en las
instituciones estatales.
Pero también es
cierto, como reconoce el sociólogo, que la violencia por sí misma no resuelve
nada. Fanon va más lejos cuando afirma que “la violencia desintoxica”, porque
“libra al colonizado de su complejo de inferioridad”. En esa línea de
argumentación, en Los condenados de la tierra concluye: “La violencia eleva al
pueblo a la altura del dirigente.” Sabemos que las cosas son más complejas,
como lo enseña medio siglo de lucha armada en América Latina.
La zona del no-ser
Fanon comprendió en
carne propia que existe una zona de nuestras sociedades donde la humanidad es
vulnerada sistemáticamente por la violencia del opresor. Se trata de un lugar
estructural, que no depende de las cualidades de las personas. Estima que es
justamente en esa zona, que denomina «zona del no-ser», donde puede nacer la
revolución por la que está dando su vida, y advierte que el mundo colonial
tiene compartimentos cuyas fronteras están señalizadas por cuarteles y
estaciones de policía. Esos dos mundos tienen vida propia, reglas particulares
y se relacionan jerárquicamente. Sostengo que el período actual de acumulación
por despojo/cuarta guerra mundial, implica la actualización de las relaciones
coloniales. Es probable que la potente actualidad de Fanon venga de la mano de
la creciente polarización entre el uno por ciento más rico y la mitad más pobre
y humillada de la humanidad, rasgos propios del período colonial.

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